El síndrome de la impostora no es falta de preparación, es falta de darte cuenta
¿Cuántas veces has minimizado un logro con un “tuve suerte”? ¿Cuántas veces te has preparado el doble para una reunión, una entrevista o una presentación, con el miedo de que “descubran” que no sabes lo suficiente?
Eso tiene nombre: síndrome de la impostora. Y aunque suena a falta de preparación, casi nunca lo es. Es, sobre todo, falta de darte cuenta.
Lo que el síndrome de la impostora disfraza
El síndrome de la impostora rara vez se presenta como inseguridad evidente. Se disfraza de cosas que socialmente premiamos:
-Humildad. “No fue para tanto, cualquiera lo hubiera hecho igual.”
-Exigencia personal. “Todavía me falta prepararme más antes de sentirme lista.”
-Responsabilidad extrema. Revisar tres veces algo que ya estaba bien, por si acaso.
El problema es que estas máscaras son socialmente aceptadas, incluso aplaudidas. Nadie te dice “estás minimizando tus logros”; te dicen “qué humilde eres”. Y así, la creencia de fondo es “no soy suficiente”, “en cualquier momento se van a dar cuenta”; sigue viva, solo que bien vestida.
Darse cuenta: el primer paso, no el único
En psicoterapia Gestalt hablamos del darse cuenta como la capacidad de percibir, con claridad y sin juicio, lo que realmente está pasando en nosotras: qué pensamos, qué sentimos, qué hacemos y para qué.
Con el síndrome de la impostora, darse cuenta significa dejar de preguntarte “¿qué me falta aprender?” y empezar a preguntarte “¿qué estoy sintiendo cuando minimizo esto que logré?”.
Ese cambio de pregunta no resuelve el síndrome de la impostora por sí solo, es la puerta de entrada. No puedes trabajar con una creencia que no has nombrado.
Un ejercicio para empezar a notarlo
La próxima vez que te descubras minimizando un logro, detente un segundo y pregúntate:
¿Qué acabo de lograr, en concreto?
¿Qué dije o pensé justo después?
¿A quién le estoy dando el mérito en lugar de dármelo a mí?
No busques corregirlo todavía. Solo obsérvalo. El darse cuenta empieza ahí, en la observación sin juicio, no en la corrección forzada.
No estás sola en esto
El síndrome de la impostora no es un defecto de carácter ni una falla de preparación: es una creencia aprendida, y como toda creencia aprendida, se puede revisar y transformar con acompañamiento.
En AmiKal Date Cuenta trabajamos precisamente esto: espacios de psicoterapia y comunidad donde las mujeres pueden empezar a darse cuenta de las creencias que las limitan, sin prisa y sin juicio.
Si quieres explorar esto de forma más vivencial, te esperamos en nuestro próximo taller mensual, el último jueves de cada mes. Y si prefieres un espacio más personal, la psicoterapia individual está para acompañarte en ese proceso.
